Sexting: un nuevo riesgo para los menores

Comunicaciones sexuales por medio de teléfonos móviles


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Chatroulette: la nueva ruleta rusa usa webcam

El servicio Chatroulette, creado por Andrey Temovskiy, joven moscovita de 17 años, atrae ya a más de 20.000 usuarios en un intercambio de conversaciones vía webcam no exento de notorios peligros.

Pese a que las escuetísimas normas indican que se debe tener más de 16 años y los usuarios no deben mostrarse sin ropa, el incumplimiento es muy amplio. Es uno de los últimos fenómenos de Internet, que atrae a miles de usuarios interesados en una proporción muy alta por el cibersexo con desconocidos.

Según las pruebas realizadas por Maria Barbosa y Ricardo Marques para el diario portugués Expresso, lo más probable al solicitar un nuevo giro de la ruleta para comunicar con la webcam de un nuevo desconocido, es que este esté desnudo o realizando actos de tipo sexual. Tanto menores como adultos suelen aparecer sin ropa, aunque es más frecuente cuanto mayor es el usuario.

Andrey creo el servicio en noviembre de 2009 cuando, aburrido de seguir los comentarios de sus amigos en Twitter y en Facebook, y de ver siempre las mismas caras en Skype, pensó en alguna manera que le permitiese conocer a nuevas personas y hablar con ellas cara a cara.

El web ha recibido duras críticas como la de ser una puerta abierta a pedófilos y pervertidos. En efectos, el sistema no dispone de ningún tipo de control sobre el contenido visual ni sobre los comentarios. La socióloga Iva Miranda Pires opina que la comunicación por este tipo de medios promueve los comportamientos extremos y un lenguaje más agresivo, y que Internet se ha tenido que ir dotando de reglas sociales y legales a medida que fue abandonando el entorno inicial académico y autocontrolado y se fue ampliando a todo tipo de personas.

La opción para los padres es bloquear el web mediante algún software de control parental. Aunque no se dispusiese de webcam, hasta hace poco cualquiera podía usarlo para ver brevemente lo que otras personas emitían. El sistema no requiere registro y por tanto no hay ningún control de quién lo está usando.

El sistema puede resultar también sumamente adictivo, pues al ser totalmente aleatorio, si se quiere volver a ver a una persona con la que se mantuvo una conversación anterior, pueden consumirse horas y días enteros esperando volver a encontrarla. Diversas personas que lo han probado también han notificado sensaciones paranoicas tras un uso intensivo.

Fuente: Expresso

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